El 21 de enero del año 1956, en la ciudad de Porto Alegre, en el estado de Rio Grande do Sul, el sueño de una joven pareja de químicos comenzó a tomar forma.
Julio e Ieda Morandi se habían graduado en química en la misma clase, en 1950.
Él, de mentalidad creativa y dedicación inquebrantable, transformaba desafíos en oportunidades dondequiera que pasara. Ella, paciente y decidida, brindaba apoyo bibliográfico y de investigación a las invenciones de Julio.
La pareja unió sus iniciales a la primera sílaba del apellido familiar – Morandi – y así nacía JIMO: una marca que lleva química, familia y propósito.
El comienzo fue muy pequeño, literalmente dentro de casa.
Julio e Ieda se dividían entre sus trabajos, que pagaban los gastos del día a día, y las muchas horas dedicadas a la invención de productos y a la materialización del sueño JIMO. Ieda trabajaba en laboratorios del gobierno del estado y Julio era vendedor en un mayorista de cereales local. Al entregar las mercancías del mayorista, Julio aprovechaba para ofrecer a los clientes sus primeras producciones elaboradas aún dentro de casa.
El primer producto desarrollado fue un insecticida líquido, cuyo principio activo era la Piretrina – un compuesto natural extraído de la flor de crisantemo – y que se vendía en frascos de 100 ml envueltos en hojas de periódico. Julio fomentaba el cultivo local de los campos de crisantemo y, para poder atender su producción de insecticidas, se comprometía a comprar la producción de los agricultores

Desde el principio demostraba su cuidado con el medio ambiente y con la cadena productiva.
Por mucho tiempo, las madrugadas llenas de trabajo formaron parte de la rutina de la pareja. Mientras la ciudad dormía, ellos estudiaban, probaban, se equivocaban y comenzaban de nuevo. En una época con poco acceso a informaciones técnicas, era necesario consultar bibliografías y estudios en otros idiomas, interpretar tablas, comparar y cruzar parámetros y respetar un proceso científico riguroso y detallista. Y fue a partir de la rectitud de la pareja que uno de los principales valores de JIMO – la Calidad – comenzó a ser moldeado con la paciencia de quienes construyen algo hecho para perdurar.
Con el paso de los años, la fábrica creció, el equipo aumentó y la gestión se profesionalizó. El propósito de mejorar vidas a través de la química, por su parte, nunca cambió. Los hijos y los nietos abrazaron el sueño de Julio e Ieda y conducen JIMO con mucho orgullo de la historia y con mucha pasión por el futuro.
Actualmente, JIMO actúa en 11 segmentos diferentes y fabrica más de 150 productos que se comercializan en todo Brasil y en países de América Latina, conquistando diversos premios y certificaciones. La planta productiva está instalada en Cachoeirinha, en el estado de Rio Grande do Sul, y cuenta con líneas de producción y equipamientos modernos y exclusivos.
La búsqueda de la calidad y de la innovación que guiaba a Julio e Ieda continúa siendo un pilar fundamental que orienta el posicionamiento estratégico del negocio.
Setenta años después, el legado que comenzó con Julio e Ieda se mantiene hoy cultivado y construido, todos los días, por cada persona que forma parte de esta jornada. Es esa base sólida la que impulsa a JIMO a seguir soñando, creando y transformando — siempre con la química como aliada para mejorar la vida de las personas.
Soñar en la química para una vida mejor. Ese es el propósito de JIMO. Ese es el propósito de una historia de calidad.


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